LA HISTORIA DE LAS CUEVAS DE TRABUC

Las Cuevas de TRABUC se conocen desde la más lejana antigüedad; E. Dumas habla de los descubrimientos de osamentas y de útiles que demuestran que estuvieron habitadas por los hombres prehistóricos y hasta la época romana. Estas ocupaciones se explican fácilmente.

La estrecha entrada y la presencia de una amplia sala dotada de agua aúnan la facilidad de la defensa y la posibilidad de esconderse, condiciones favorables para vivir en las cuevas.

Más tarde, las cuevas sirvieron de refugio y del polvorín para los Camisards (protestantes hugonotes de principios del siglo XVIII). Las tropas del rey tapiaron la entrada, así como las de otras cuevas de la región, para eliminar esos escondrijos invulnerables.

Se cree que, un siglo más tarde, sirvieron de refugio para los bandoleros y otros bandidos, algunos armados de trabucos. El nombre de la cueva provendría de esta época. Los bandoleros llevaban un trabuco, peligrosa arma de fuego de grueso calibre, con un cañón corto y acampanado y cargado con pólvora y chatarra menuda.
En lengua occitana les llamaban “trabucaires” porque llevaban y usaban el trabuco. A estos exploradores amenazadores les suedieron los primeros exploradores serios que penetraron en las cuevas, precursores de la espeleología, puesto que esta palabra no existía aún, y empezaron a desvelar sus secretos.

En 1823, Nicod y Gallière penetraron muy profundamente bajo tierra y pudieron así, con pleno derecho, figurar entre los pioneros de la espeleología. Varias expediciones en las que pasaron tres días consecutivos bajo tierra hicieron de ellos los precursores de los campamentos subterráneos.
Fue Gallière, que se perdió un día, o más bien una noche, sin luz, y tuvo que pasar 52 horas antes de que se le encontrara mordisqueando los cordones de sus zapatos y bebiendo sus orines.

Fue prácticamente a partir de esta época cuando se exploró el conjunto de lo que hemos dado en llamar las antiguas cuevas.

Más tarde, en 1889 los entomólogos V. Maget y G. Mignaud descubrieron un niphargus (crustáceo de aguas subterráneas) bautizando como Bathyscia Mialetensis en honor de las cuevas de Mialet.

1899: fue durante aquel año cuando los primeros espeleólogos recorrieron la red subterránea de TRABUC. Mazauric, colaborador de Martel, la describe en el boletín de la "Société Spéléologique de France". En 1920 fue publicado en la revista "Spelunca" un plano de la red de galerías y de salas que mostraba la magnitud de la cavidad ya famosa entre los espeleólogos.

Ya en aquella época se llevaban a cabo visitas turísticas de la parte profunda de las cuevas a partir de la entrada natural, y el pasaje bajo el "estrangladou" conducía a la Sala de las Piletas donde el guía, que sostenía la antorcha o la vela, encendía bengalas que vendía para sacarse algún dinerillo. Por muy grande que sea la sala, el humo la invadía enseguida y el grupo, siguiendo al guía, volvía a tientas hacia la salida.

El 14 julio, fiesta nacional francesa, las visitas formaban parte de la fiesta y alegres grupos se adentraban en esa oscuridad propicia al jolgorio.

En 1945 se inicia la era de los nuevos descubrimientos debidos a la perseverancia de M.G. Vaucher, ayudado por sus hijos, Marc y Olivier. Gracias a estas obras, el desarrollo de las galerías conocidas fue considerable. Se exploraron más de 7 km de grandes redes.

Aún hoy, no se ha acabado la exploración y son numerosas las redes prometedoras. ¡Investigación de los techos, continuación de las desobstrucciones, pasaje en los sifones de las redes inferiores…!

Aún no se han elucidado todos los misterios de TRABUC. Como en todas las grandes redes, numerosas sorpresas esperan a los exploradores perseverantes.